¿Adelgazan los alimentos integrales?

La diferencia entre un alimento integral y su homónimo refinado reside en la mayor cantidad de fibra alimentaria que aporta la integral.
Podemos definir la fibra alimentaria como aquella parte de los alimentos que no es digerible por los enzimas del intestino humano, y podemos encontrar de dos tipos: soluble (pectinas, gomes, mucílagos y algunas hemicel·luloses), que se encuentra en las frutas (especialmente en las manzanas ) y en algunos vegetales, i insoluble (la·luloses i hemicelulosa·luloses), presente en las capas externas de los granos de los cereales (segó).
Dentro de las propietarias de la fibra podemos destacar:
1. Alta capacidad para retener agua (aumento de la masa del bolo alimenticio y aceleración del tránsito intestinal), con efectos saciantes y mejora del estreñimiento.

2. Fijación de cationes (minerales u orgánicos) i ácidos biliars, con el efecto de ayudar a bajar el colesterol.

3. Producción de ácidos grasos de cadena corta (por fermentación bacteriana en el colon), con efectos de protección de la integridad de la mucosa colónica.

Todas estas propiedades ya justifican por sí mismas la necesidad de asegurar un consumo mínimo diario de fibra, que podemos conseguir con la utilización de alimentos integrales en la dieta.

A igual peso, los alimentos integrales aportan algo menos de calorías que los refinados (así 100 g de pan blanco tiene unas 380 kcal, y 100 g de pan hecho con harina integral, uno 360 kcal). Estas diferencias son demasiado pequeñas para justificar una pérdida sensible de peso atribuible sólo al consumo de alimentos integrales.